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LOS SECRETOS MEJOR GUARDADOS DE NAHUEL GUZMÁN




VENUSTIANO CARRANZA

Ya oímos a Gignac soltarse, ahora leímos a Nahuel Guzmán…

El Patón, la leyenda de la portería en Tigres, habló para el Diario La Nación de Argentina y dejó frases para la posteridad.

El guardameta felino tocó un sinfín de temas: Mundial de Clubes, Maradona, Messi, su presente, su pasado, etcétera.

¡Te dejo la entrevista completa de nuestro colega Cristian Grosso!

Se llama Margarita y es la abuela del ‘Patón’ Guzmán. Ya pasó los 90 años. Y pasó un ACV, tiene un marcapasos, le sacaron un tumor de la mama el año pasado y cuando le hicieron un test de anticuerpos hace algunos meses, el resultado arrojó un alto nivel de defensas. Suponen que transitó el coronavirus de manera asintomática. Por culpa de una gangrena, le falta la pierna izquierda. “Para mí, 150 es un ejemplo. Adoro a la vieja y sus ganas de vivir. Ahh, sí, 150 le digo…, gamba y media”, y suelta una carcajada que inunda la charla. Es genuina la risa, casi una ofrenda para una de las mujeres de su vida. Como calza 48, el apodo es una obviedad. Sino sería el ‘Loco’ Guzmán. “Ser un poco loco te saca de los apuros, de las situaciones engorrosas. Yo soy eso. Y sirve para tratar de salir jugando de situaciones difíciles con una sonrisa”, cuenta. Quizás, se retrata. Y no está hablando de la cancha.

LA CONEXIÓN ESPECIAL ENTRE EL “PULGA” RODRÍGUEZ Y MARADONA

Ese es Guzmán. Pero hay muchos Guzmán. El que atraviesa por el medio a todo el plantel de Bayern Múnich y se dirige hacia Robert Lewandowski, mientras avanza la premiación del Mundial de Clubes que acaban de ganarle los alemanes a Tigres, de México. “Yo estaba con bronca, tenía la sensación de que el gol de ellos había sido con la mano. El chico de los videos que trabaja en el club se me acerca y en el celular me muestra la cámara de atrás de arco y me dice ‘fue mano’. No me podía quedar con eso. Neuer me miró pensando que lo iba a saludar a él. Llego a Lewandowski y le tiro mis dos clases de inglés. “Congrat’, le dije. Y agrego: ‘Touch in your hand’, así, a lo indio. Y me responde: ‘¿In my hand?’ No, no’. Entonces le meto: ‘Bueno, dale, ya está, en la repe se está viendo que si’. Claro, de todo eso no me entendió nada. Me volví y mis compañeros me miraban medio raro, pero tenía que hacer algo. No sé si Lewandowski se lo habrá comentado a Neuer, porque ya en los vestuarios mandamos a cambiar muchas camisetas… y mi buzo volvió. Me dijo que no. Mandó a decir que no cambiaba sus buzos, no sé… Dejé de seguirlo en Instagram. Pero bueno, no me pierdo nada. No tengo nada que envidiarle a Neuer”, y la carcajada otra vez sirve como remate.

Ese es Guzmán. Pero hay muchos Guzmán. El de los guantes personalizados: ‘Memoria, verdad y justicia’, ‘Nunca más’, ‘Madres y Abuelas de Plaza de Mayo’, ‘Malvinas argentinas’, ‘Ni una menos’… El que fija posición en favor de la promulgación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. El que se pinta el pelo de colores en apoyo al colectivo de orgullo LGBTIQ+. El padrino de un centro comunitario rosarino. El que se hará tiempo para dar una charla en un colegio, para inaugurar una biblioteca. El que siempre estará a disposición de ‘Mercadito’, el club de su patria infantil. El que no se detuvo hasta conocer a Estela de Carloto. El kirchnerista.

Entonces, ¿quién es Guzmán? Un artista.  sí se presenta en su cuenta en Twitter [@PatonGuzman]. “Si hay espectadores, es porque hay un espectáculo. Sin hay un espectáculo, es porque hay artistas o actores. Y nosotros nos disfrazamos, nos vestimos diferente –y más los arqueros– para entrar a una cancha. Yo no ando por la calle con un buzo, guantes y botines. Un poco nos parecemos a ese actor que se sube al escenario y se pone un bigote postizo. Y en el teatro o en la cancha, todos nos transformamos. Se transforma el carácter, las emociones…, nos transformamos nosotros y el entorno. Nos movemos en un espiral de emociones y somos generadores de emociones. Es una linda manera de definirme, ¿sino que pongo? ¿Arquero? ¿Portero? Queda como muy vacío”, explica. Guzmán todo lo explica.

En su casa, en las afueras de Monterrey, donde Patón juega hace siete años; con su señora, Verónica, y sus hijos, Agustín, el pequeño Mateo…, y alguien más en la panza que llegará en pocos meses, Martina

-Despierta tantas emociones, que a veces el fútbol sustituye temas esenciales en la vida del hombre cualquiera. Hasta darle razones para ser feliz un rato.

-Es cierto. Yo vengo de Rosario, una ciudad tan pasional, si lo sabré. El tema es cuando eso genera lo contrario, y no es por tirar abajo el concepto, pero, ¿cómo me vas a tirar a mí el peso de tu felicidad o de tu angustia? Yo acepto la responsabilidad de salir a ganar un partido que es importante para todos, pero si yo no hago un gol abajo del arco, vos, como hincha, ¿por eso vas a ir a pegarle a otro hincha? No, de ahí quiero correrme. En la época de Pumpido como DT de Newell´s estuvimos una rueda sin ganar. ¿Sabés lo que era salir a la calle? Dejé de ir a recitales, de encontrarme con mi familia por miedo a que alguno me bardee en la calle. Lograr un equilibrio sería imprescindible y en México se logra bastante. ¿Por qué en la Argentina se justifica todo con el ‘y qué querés, somos así’? No. Si me como un gol será el técnico y el club los que analizarán si estoy o no a la altura. Pero en la Argentina hay una constante condena social. Y también los jugadores tenemos que hacernos cargo de nuestras emociones, porque a veces tenemos a cada personaje… Los que se van para arriba y se les vuelan los pajaritos porque hicieron un gol, y los que se van para abajo porque la cagaron y se comieron un gol. Hay que controlar todo eso, estar atentos, y trabajar mucho los aspectos anímicos.




-El ambiente del fútbol es una burbuja, has dicho. ¿Por qué?

-Creo que todo arranca en nuestra formación futbolística. A mí me enseñaron que tengo que ir a entrenar, ser constante, y al final del año el técnico agarra una lista y ahí soy yo o es el otro. Y en el día a día, juego yo o juega el otro. Y el técnico te dice: ‘Acá vienen un montón a probarse, y si no sos vos es el otro’. Crecemos con eso y no hacemos egoístas. Como nos formamos con ese concepto de yo o el otro, empezamos a cuidar demasiado, con exceso, lo que tenemos: este es mi arco, acá juego yo y no juega nadie más. Sin gané mi primer platita, me la gasto para mí y mi familia. Y me empiezo a encerrar en eso. Para qué voy a mirar para allá, si allá están los que querían mi lugar. Juego para mí, soy yo, soy yo, soy yo. Y a los 19/20 años a varios pibes les toca estar en Europa, con todas las comodidades económicas a la mano, y… son más yo que nunca. ¿Y los demás? Y no sé, no llegaron, yo me rompí el culo y yo fui mejor que el otro. Nos criamos con ese egoísmo, y por supuesto me incluyo.

-¿Te irrita la frivolidad del futbolista?

-En algunos hay desinterés y otros elegimos intentar visibilizar algunas causas. No nos hace mejores. Y hay muchos chicos que tienen esa mirada comprometida, lo que pasa es que quizás no se les pregunta. Me encantó cuando Juan Cruz Komar, desde un lugar diferente, porque no era el arquero de la selección, no era el Patón Guzmán que se ponía una remera y salía en todas las fotos, se ganó la posibilidad de ser escuchado. Hay un montón de pibes que tienen posiciones, ideales y valores para compartir y conversar. Que tienen conciencia social. Pero no se les pregunta porque a lo mejor lo que vende es otra cosa: ‘¿Komar? Nooo, vamos a preguntarle al Patón Guzmán o a Carlitos Tevez’. Antes, quizás me enojaba con algunos pibes; iba y les decía: ‘Loco, pero date cuenta…’ Pero ya no. A nosotros nos educan así: si no sos vos, es el otro. Ya no discuto ni me enojo con los chicos a los que les cuesta observar el entorno o no miran al costado.

-¿La sociedad sobreexige al futbolista para que sea ejemplar?

-Cuando un jugador de fútbol la caga, queda mucho más expuesto. Y la condena social es más heavy. Y son personas, que quizás de pibes no tuvieron la contención necesaria. Parece una boludez lo que digo, pero los futbolistas somos personas, y nos equivocamos, claro. Cometemos errores adentro de la cancha y afuera, posiblemente, cometemos más errores. Pero siempre sobrevuela que, porque sos futbolista, hay un compromiso de corrección, de ejemplaridad. Sí, tenemos que tomar ciertos recaudos, es cierto, hay gente mirándonos.

-En otros ámbitos más trascendentes, políticos, empresariales, ¿creés que más fácilmente la sociedad da segundas oportunidades?

-Obvio. En otros lugares somos más indulgentes, miramos enseguida para otro lado. Incluso, en el ámbito familiar: hay cagadas de primos o amigos que cubrimos o entendemos enseguida. Pero con el futbolista sí nos enojamos: ‘Y qué querés…, que no jugué nunca más en ningún lado’. Estamos más expuestos que otras personas y profesiones, sí, lo acepto, pero una foto robada desde 40 metros de un jugador que está fumando en un bar, faaaaa, ya lo condena. Fama y ejemplaridad, una exigencia imprescindible. Ahora, fama y anonimato no funciona. Tiene que estar en la TV. Y algunos de mis amigos que se levantan a laburar a las 5 de la mañana, que para mí son un ejemplo porque sé de dónde vienen y qué otros caminos podrían haber tomado, no salen en la tele.

-¿Homosexualidad y fútbol siguen siendo tabú? ¿Es la incomunicación que más expone al fútbol?

-Es un tema que lo hablo con mucha gente del ambiente y por afuera también. Me pregunto si estamos parados en el mismo lugar que hace algunos años y no, no estamos en el mismo lugar. Ha habido cierta evolución, ya desde el momento que el tema es visible, se habla. Siento que a nivel profesional, elite, donde me toca estar, el fútbol desde su intimidad, en el vestuario, en la cancha, si está preparado para la convivencia y la aceptación. La homosexualidad ahí dejó de ser un tabú. Entonces, ¿qué pasa? Hay que ir a la etapa formativa, y ahí hay discriminación. Discrimina por cultura, por formación. Para alguien que se declara homosexual en el fútbol a una temprana edad, 14/15/16 años, se le pone todo cuesta arriba y ahí es donde hay que comenzar a trabajar a través de la educación. Es la base de todo. Yo en el ambiente deportivo no recibí educación sexual. Siempre fue el sálvese quien pueda y no me importa el otro. Hoy le preguntás a muchos jugadores y te dicen: ‘No, nunca supe, nunca me tocó compartir con un compañero o compañera gay’. Y tal vez es porque les cuesta una bocha llegar, porque tienen que atravesar mil barreras y mil prejuicios. Y cuando llegás estás más preocupado por lo que van a decir desde lo extrafutbolístico. Porque está el condicionamiento de la gente, del qué dirán, de los medios, que también han contribuido a la estigmatización y caricaturización de las identidades. Pero prefiero focalizarse en la formación, el lugar para aprender a aceptarnos como somos y tener una mirada más apreciativa hacia el otro. Pero me escucho ofrecer esta explicación y me parece raro…




-¿Qué?

-Me parece raro tener que estar diciendo ‘estoy a favor…’ ¿Y cómo no voy a estar a favor de un fútbol integrador? ¿Por qué como sociedad del fútbol nos tiene que costar tanto aceptar otras miradas, otros gustos, otras elecciones? Habría que pensar también si el compañero se siente arropado, acompañado. Ese es un lindo desafío para los profesionales de alto rendimiento. Porque sí, me banca el ‘Patón’ Guzmán, ¿pero si el DT o la directiva toma decisiones de acuerdo a la condición sexual, o la gente empieza a hablar y a condicionar? Si me preguntan cómo hay que acompañar, digo con naturalidad, sin querer caretear nada. Para muchos este tema es una debilidad dentro del fútbol, lo sé, y a lo mejor el fútbol profesional no está tan preparado como yo creo. Quizás el trabajo es más de fondo, capacitando y estrechando lazos entre formadores, jugadores, cuerpos técnicos, directivas, la hinchada, los medios…, todos deben asumir su importancia para lograr una comunión. Es una responsabilidad compartida.

-¿Creés que el fútbol femenino recibe un impulso genuino para desarrollarse o porque ‘queda bien’ en tiempos de empoderamientos?

-Siento que es genuino el respaldo y se lo ganaron con su lucha constante. Con sus abanderadas. Y nosotros, los hombres profesionales, desde algún punto, nos toca acompañar ese reclamo por su lugar. Somos todos futbolistas. Es genuino porque han crecido las escuelas de fútbol femenino en los barrios y ahí hay una clave muy importante. Yo me crié creyendo que al club de barrio iban los pibes, nada más. Era raro que apareciera alguna piba, y hoy es muchísimo más habitual. Hoy tenés pruebas de jugadoras constantemente y hay una banda de chicas que quieren divertirse, también jugando a la pelota. Y me parece hermoso, está buenísimo. Es muy valiosa la incorporación de la mujer al ambiente del fútbol. Por integración, por respeto, porque dejamos de lado los condicionamientos. Son pasitos y hay que seguir trabajando en la organización, en la profesionalización. Siempre hablamos del fútbol como contención, como integración…, y bueno, es para todos y todas. Si entramos en las distinciones deja de ser integrador. Ahí están las pibas también.

-¿Hablamos de kirchnerismo? De tus preferencias…

-Sostengo que Néstor recuperó el debate político entre la juventud que estaba perdido, y el deseo de involucrarse. Influyó en cómo posicionarme políticamente, a empezar a charlar con mi mamá sobre nuestra propia historia, me movilizó a interesarme por cosas que hasta ahí casi no me habían atrapado. Y desde el 2000, pongamos, desde que soy consciente de que tomé una postura, yo siempre estuve ilusionado con nuestro país. También con Macri, incluso con una idea totalmente diferente a la mía, desee que pudiera cumplir todas sus propuestas políticas, sociales y económicas. No me gusta ser contra. Hoy veo demasiado extremismo, casi que hay un arte de ser opositor, de esforzarse por ponerse lo más lejos del otro. La grieta no me asusta, en la medida que las partes tengan concepto, tengan ideas, y la predisposición, también, para que nos podamos encontrar en algunos puntos. Una madrugada me quedé mirando el debate por el aborto en el Congreso, y descubrí posturas del oficialismo fundamentando y votando en contra, y de la oposición votando y fundamentando a favor. Eso me impactó, me pareció buenísimo, lo leí como una luz de madurez.

-¿Temés que fijar posiciones, políticas especialmente, pueda condicionar a tu carrera en algún aspecto?

-Tengo una posición política. Con la agrupación de jugadores que se armó en aquel momento, bajamos un mensaje a favor de la opción de Alberto porque nos parecía lo mejor para ese momento del país. Es un posicionamiento, es algo que yo pienso. Después, podés coincidir o no. Pero no por eso me tenés que crucificar. Y hoy pasa eso. Después, algunos estamos más expuestos, sí. Quizás a mí me han criticado más por lo que pienso que por lo que atajo: ‘Ahhh, ¿Guzmán? Si se la pasa dando mensajes políticos, ¿para qué juega?’ Yo puedo hablar de política, puedo estar más o menos preparado, pero puedo. Y a veces tengo ganas de decir cosas, y a veces no. En 2019 fui a votar, en México, me tomé el avión el mismo día y fui al DF a votar. Porque también te dicen: ‘Claro, vos, con tu cuenta llena de millones hablás desde México’ Claro, ¡porque yo no tengo familia, amigos, ni inversiones en la Argentina! A la gente le chupa un huevo, pero yo tengo todo en Argentina. Hace un año, un año y medio se nos fundió un bar en Rosario porque era insostenible. Y mis amigos tuvieron que frenar la construcción de su casita.




-Tus expectativas habrán crecido con la llegada de Alberto-Cristina al poder. ¿Cómo lo vivís hoy?

-Cuando llegó el cambio de gobierno, cuando llegó Alberto, yo notaba mucho entusiasmo. Especialmente por la cuestión social, porque algunos ven en Alberto a un mediador en ciertos aspectos. Después, hay políticas que tomar y ahí aparecen los enojos de unos y los aplausos de otros. Sin entrar en las chicanas, porque en grupos de amigos están los que me dicen ‘viste que éste era una cagada’, todos coinciden en que hay que laburar y hoy cuesta proyectar. En estos tiempos de pandemia, muchos están viviendo al día; otros, con la excusa de un viaje de placer, se han ido a probar suerte a otros lados. A los argentinos nos jode no poder proyectar unas vacaciones, la casita, el autito, el cumple de 15… Y eso es incertidumbre. Estuve en Rosario una semana para fin de año y se huele incertidumbre en este momento. Se olfatea eso.

-No es solo la pandemia…

-Mirá, a mí siempre me gustó patear Rosario a la noche, y percibí una Rosario un poco más asustada, más oscura, quizás por tener tanta movida nocturna cerrada. Fue mi percepción. Mi vieja me dice: ‘No, es lo que te dicen’. Claro, ella está con la militancia de batalla, contra los medios y todo eso… Yo hablo sobre lo que percibí, otros pueden percibir otra cosa. ‘No hay incertidumbre’, me dice ella. Y yo le contesto: ‘Pero vos estás organizando venirte a vivir a México’, y ella me dice que es por los nietos, jajaja, y debatimos. Mis amigos no saben cuándo vuelven al laburo, no pueden hacer proyecciones, y eso, para mí, es incertidumbre.

“Me gustaría preguntarle a Messi qué otras cosas le interesan”

Piensa, saca cuentas. “Digamooooosssss, un 20%, con suerte. Y dependiendo de cuántas quiera patear. De diez pelotas, tal vez agarrás dos o tres”. El ‘Patón’ Guzmán habla de sus mano a mano recreativos con Lionel Messi. “Con Leo se ponía lindo porque ahí si entrás en el cholulismo de ‘me está pateando Messi’. Es un gran desafío…, y a veces, también dejás que algunas entren para que no se le baje la moral”, y suelta la risa. Pero es verdad, y explica la mecánica anímica. “Sobretodo en los calentamientos previos a los partidos. Habitualmente yo no era el titular, y los que sí van a jugar te patean. Entonces ahí dejás pasar alguna para que no entren liquidados, sino los matás”, explica. ¿Con Messi también? “¡Claro!”, refuerza el ‘Patón’.

-¿Quién es Messi?

-Un pibe de zona sur de Rosario que juega bien a la pelota. Mirá, para resumirlo: un día fueron de visita a la selección el ‘Laucha’ Formica, que fue campeón del mundo juvenil con Leo, junto con otros tres amigos. Entre ellos, el hermano del ‘Laucha’, que hoy es ayudante de Dabove en San Lorenzo. El Guille, un crack, que anduvo mucho por el ascenso. ‘¿Qué hacés Leo, cómo andás, soy Guille, te acordás?, le dice. “Sí boludo, si yo te iba a ver jugar a la pelota”. Y todos los que estábamos alrededor nos quedamos duros: ¡Messi iba a ver jugar al Guille! Eso lo refleja. En el Mundial de Rusia, un día cayeron amigos míos de visita en la concentración. Pibes que habían jugado en las infantiles de Newell´s, que habían compartido algunos viajes con Leo e, incluso, por ser más grandes lo había cuidado en las casas de familia en las que se quedaban. Lo llamaron, y Leo tenía mil historias con ellos. Esos pequeños detalles te pitan a una persona. La humildad es una gran base para movernos, y hablo del día a día, de los mates de una mañana cualquiera. Yo aprendí a apreciar eso y siento que a él también le gustó. Pegamos muy buena onda, y hoy tenemos una muy linda relación. De vez en cuando nos mensajeamos.

-¿No está distinto Messi, más rebelde, incluso irrespetuoso? ¿Se argentinizó?

-Puede ser, es cierto que ha tenido algunas reacciones diferentes, pero habría que hablarlo con él, y sé que es difícil porque habla poco. A lo mejor está en un proceso de cambio, también, de encontrarse con cosas nuevas. No lo sé. Tal vez le exigimos durante tanto tiempo algo más… Sí me gustaría conversar tranquilo con él, ver cómo se siente, conocer otra cosa. Salir del fútbol. ‘¿Qué te pasa con tus hijos, qué otras cosas te interesan…?’ ‘¿Te gustaría estudiar algo, te gustaría empezar con algo paralelo al fútbol?’ De eso me gustaría conversar con él.

-Tal vez espera eso, que alguien lo saque de la adoración del póster.

-Puede ser, pero para muchos, y me incluyo, debe ser difícil. Porque andá a proponerle algo así a Messi. Y ahí yo mismo ya lo encasillo en la figura de Messi, de ese Messi inaccesible. Yo mismo lo hago, ¿ves? Entonces desde ahí es más difícil, porque es cierto que lo ves e impone. Ojo, impone sin querer, pero es Messi.




-¿Firmaste con Tigres que, si Messi juega en Newell´s, te tienen que dejar ir al menos seis meses?

-Digamos que hay una leyenda urbana…, pero tomó mucho peso. Y la misma leyenda genera más presión que mi pacto con Tigres. No hay nada firmado, pero a los dirigentes siempre les menciono que es un gran deseo mío. Y me miran raro, porque no se les cruza por la cabeza que Messi pueda llegar a jugar en Newell’s en ningún momento. Pero conozco cómo piensa Leo y se cuál es su deseo. Ojalá lo pueda cumplir y ojalá después podamos ir varios atrás, porque habrá que ver si la dirigencia nos quiere y acepta. Yo me abrazo a ese sueño.

-Y al margen de Messi, ¿vas a volver a Newell’s?

-Me gustaría regalarme aunque sea un tiempito más, con esta cabeza, con esta experiencia, con este equilibrio, con este profesionalismo. Qué se yo…, por lo menos seis meses. Dependerá de mi familia, de que Tigre me lo permita. Me quedan dos años más en Tigres, así que por lo menos dos años más estaré aquí. Me gustaría ir, sí, aunque después regrese a Tigres. No digo de volver a Newel´s a retirarme, todo hecho mierda. No. Me veo reflejado un poco hoy en ‘Fatura’ Brown, que lo escuché decir que está feliz y en su mejor momento.

-¿Cómo ves el arco de la selección?

-Yo estuve dos años sin pensar en la selección porque pensaba que ya estaba. Y puse la cabeza en Tigres. Pensaba que venía un recambio generacional más abrupto, pero si me pongo a ver… Marche [Marchesín], que está atajado en un nivel increíble, tiene uno o dos años menos que yo; Franco tiene mi edad; Andrada es un poquito más chico; Emiliano [Martínez] sí, es un poco más joven, y después hay varios chicos que viene haciendo un gran trabajo. A mí me gusta mucho Jeremías Ledesma; me gusta Herrera, que volvió a Talleres, y Musso. Creo que tienen un poquitín de ventaja los que tienen la oportunidad de jugar en Europa y competir en Champions. Como Marche, pero parece que hay que tener amigos en la prensa para que hablen de algunos. La mayoría son arqueros que tiene casi mi edad. Y Willy [Caballero], que fue a un Mundial con 36/37 años, me enseñó –sin decírmelo- a no bajar los brazos nunca. Y pelear por esos sueños. Entonces, hoy, tal vez yo no ofrezca ese roce de jugar en la Premier o en la Champions, pero la final del Mundial de Clubes contra el Bayern fue una linda prueba para demostrarme si estaba preparado para esa clase de partidos. Y me di cuenta que sí, que estoy preparado. Entonces, no me voy a bajar de una competencia sana. No hubo un corte generacional en el arco de la selección, entonces, a lo mejor, todavía tengo chances. ¿Qué tengo que hacer? Rendir en mi club y ser auténtico. Si estoy en un buen nivel, pero mi estilo y lo que necesita la selección no coinciden, mala suerte. Pero siempre siendo auténtico. Yo alguna vez sentí que para ir a la selección tenía que adaptar ciertas cosas y dejaba un poquito de lado mi autenticidad. Si me toca estar, que sea sin negociar nada. Que sea por como soy y por cómo atajo en Tigres.

-La ‘generación dorada’ alzó la voz cuando la selección podía ser víctima de los malos manejos dirigenciales del básquetbol. ¿Por qué ustedes nunca se plantaron ante la AFA en 2015, 2016?

-Para mí sería más fácil decir “a los jugadores no nos correspondía”. Siento que el plantel estaba muy enfocado en lo futbolístico porque percibíamos que, para muchos, cada opción era la última para intentar atrapar eso que se les había escapado por nada en el Mundial de Brasil. Después de la muerte de Grondona, un día era Segura, otro día era Tinelli, otro día era Miadosqui, otro día era Armando Pérez y después aparece Chiqui [Tapia], que llega como para equilibrar un poco las cosas. El plantel se quiso ocupar de lo futbolístico, habíamos recibido muchos cachetazos deportivos, no sé si estábamos para hacernos cargo de la AFA, digamos, eso debe ser un quilombo, un desmadre como dicen en México. Y ojo que el plantel intentaba acercarse, ser escuchado a través de sus voces más experimentadas, pero se percibía cierta desorganización y puertas adentro llegábamos hasta un lugar y después ‘hacete cargo vos, para qué estás ahí’. Había tanta hambre de revancha por ese Mundial -que cada día tiene un valor enorme y quedó más a la vista después de Rusia-, que tenían la sangre en el ojo y depositaban sus energías en lo futbolístico.

Los secretos de Rusia 2018: “Yo rechacé la convocatoria”

El 21 de mayo de 2018, Jorge Sampaoli anunció la lista que iría al Mundial de Rusia. ¿Arqueros? Romero, Caballero y Armani. Afuera Guzmán. El padre del ‘Patón’, Jorge, ilustrador, jugó con la ironía y posteó un texto acompañado con una caricatura del DT de la selección, en la que se lo vía con una careta. Al día siguiente, ‘Chiquito’ Romero quedó desafectado por “un cuadro de bloqueo articular en su rodilla derecha”. Entonces, Sampaoli llamó al ‘Patón’. ¿El arquero de Tigres evaluó desestimar el llamado? “Yo rechacé la convocatoria”, avisa. Y se sumerge en la explicación. “Yo estaba Rosario y circulaban mil listas. Un domingo, a las 5/6 de la tarde me llama Jorge y me avisa de la lista definitiva en la que no estoy. La explicación fue que yo no estaba en el nivel que ellos esperaban, por eso había dejado de estar en la consideración. Yo, entre mi calentura, le dije “si pasa cualquier eventualidad no me llames, no cuentes conmigo. Porque si me acabás de decir que no estoy para la selección, ¿por qué hoy no y mañana sí voy a estar? Ni me llames”. Jorge me tranquilizó y terminamos de hablar”.

Algo iba a suceder. “Un par de días después, estaba en la plaza con un amigo, el ‘Cabezón’ Bernardello, y me llama Jorge. “Atendelo pelotudo”, me decía él. Y yo no lo atendí, pero me quede pensando por qué me buscaría. Yo estaba ajeno a las redes, a todo. Vamos a la casa del ‘Cabezón’, prendemos la tele y estaba la lesión de ‘Chiquito’. Las opciones eran Andrada o Marchesín, decían. Ahí me dije: ‘Fui un pelotudo, me hizo caso’. Bernardello me insistió y lo llamé a Jorge, avisándole que estaría para hablar en 20 minutos porque estaba yendo para mi casa”.

“En realidad, esos 20 minutos los usé para hablar con ‘Chiquito’, para saber si lo de la lesión era así y quería saber qué pensaba de esta situación. Él me dijo que ya le habían dicho que iba a estar afuera y que yo le diera para adelante. Entonces hablé con ‘Willy’, un tipo maravilloso, y me dijo: ‘Patón, si hay alguien que tiene que estar acá sos vos, así que dejá de dar vueltas y no dudes más’. Él me dio el empujón necesario. Y ahí hice el click. Entonces mi mensaje a Jorge fue que iba, pero a competir, no iba a pasarla bien y a comer asados con el grupo. Iba a pelear por el arco, a intentar atajar en el Mundial. Le pedí disculpas por mis reacciones y le subrayé que estaba para atajar. Que yo no me comía ese cuento de que no venía en el nivel que ellos necesitaban. ‘¿Cuándo podés venir?’, me dijo. ‘Mañana’, le dije. A la mañana siguiente me llevó un amigo al predio. Cambié el bocho, yo no quería ir a pasear a Rusia. Ahora, si hubiese estado ‘Chiquito’, si el lesionado era otro muchacho, no sé si hubiese aceptado. ‘Chiquito’ era el 1, el que iba a atajar, o el que yo pensaba que iba a atajar”. Argentina jugó dos partidos: contra Islandia (1-1) y Croacia (0-3) atajó Caballero; frente a Nigeria (2-1) y Francia (3-4), fue titular Armani.




El proyecto de vida que asoma para Náhuel (acento en la a) en México

El ‘Patón’ y Verónica, su compañera, aterrizaron embarazados en México. Y hace siete años nació Agustín. En enero de 2020, casi pandemian, llegó Mateo. Y cuando nadie se lo imaginaba…, en menos de cuatro meses Martina sumará otros colores a la paleta de los Guzmán, vecinos del barrio San Pedro, en Monterrey, Estado de Nuevo León, al norte, cerca de la frontera. “México era un mercado laboral y se fue trasformando en un proyecto de vida –confiesa Nahuel–; no hablo de segunda casa, no voy por ahí, pero México me dio muchas oportunidades. Acá gané cosas y también perdí, mi viejo falleció acá, en diciembre de 2019. Y ahora estamos proyectando que mi mamá, con Edgardo, su marido, y mi abuela, se vengan a vivir a partir de agosto”. En México, para todos es Náhuel (acento en la a). Su buzo dice Nahuel.

En Rosario es Patón, Pata, Patita. O Nahuito, Nahui, hijo o bebé, para su madre, claro. Jugó de 4, de 6 y de 2 hasta los 12 años. Después y para siempre, al arco. Hubiese sido contante de rock si el fútbol le daba la espalda. En 2017, sorprendió en Rosario tomándose el colectivo 115 junto con su hijo Agustín. Quería mostrarle el mundo real, o algo así. El sentido de realidad, el compromiso, vienen con él. En 1987 el Patón apenas pasaba el año e iba en brazos de su padre por la plaza San Martín. Ya participaba de una manifestación ciudadana que buscaba proteger a la democracia en la marcha del 24 de marzo. Patricia, su madre, siempre se lo cuenta, y él volvió a sumarse en 2013. De padres separados, creció entre libros, los pinceles del viejo Jorge y Sui Generis de fondo.

No pinta, pero el atelier de su padre está intacto y quedaron varios lienzos en blanco en México. Por eso Patón no descarta hacerlo con su hijo Agustín, que disfrutaba de observar al abuelo. Sí, escribe. “El coleccionista” y “Fantasía y Realidad” son cuentos suyos que participan de la saga Pelota de Papel 1 y 2. “Retomé el hábito de escribir con la lapicera porque empecé a hacer una certificación de coaching y eso me llevó a tomar apuntes. Volví a escribir de puño y letra, no teclear en un celular. A escribir, a subrayar, a usar colores, a juntar papeles. Ojalá siga enganchado, quiero que se me haga un hábito. Estoy escribiendo cosas breves, y uso las concentraciones porque en casa, con los indios, si agarran una lapicera te la clavan en el pecho”, bromea. Mientras, disfruta de leer a Kurt Lutman.

River se asomó a su vida en 2016, y Boca en 2018. Tigres nunca lo quiso negociar. Fanático de Newell’s, claro, tiene una deuda: no conoce personalmente a Bielsa. “Sin público en las canchas falta un condimento. La gente es la que te levanta y el insulto a veces te rebela. Cuando se pueda, tal vez la gente vuelva mejor, valore lo que recupera. Si incorporamos vincularnos por Zoom, valoremos volver a estar cerca. Estamos a tiempo de demostrar que aprendimos algo”, se ilusiona Guzmán. Él y sus sueños.




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